Ante los nuevos desafíos cubanos
Una mujer confirma su cetro
Soledad Cruz
...Seria imposible escribir la historia de Fidel Castro,
sin reflejar a la vez la vida revolucionaria de Celia
Sánchez Manduley (...)Desde los meses anteriores
Al desembarco del Granma no
Ha habido episodio de la lucha revolucionaria dirigida
Por Fidel en el que Celia no haya estado en la primerísima
Línea de combate. Desde el momento mismo del
Desembarco en Las coloradas hasta el instante de su muerte
Su trabajo permanente junto a Fidel, es uno de los hechos
Más tiernos, hermosos, humanos y revolucionarios de todo la
Historia de Cuba.
Armando Hart,
despedida de duelo el l2 de enero de 1980.
Cada vez que un nuevo desafío pone a prueba a los revolucionarios cubanos, su figura menuda, su imagen de colibrí de la epopeya, de incansable andariega, desde los preparativos para el recibimiento del desembarco del Granma al abastecimiento de la guerrilla en la Sierra Maestra, desde la atención a todas las obras hermosas posteriores al triunfo hasta el cuidado personal de Fidel, Celia Sánchez Manduley , el paradigma femenino de la Revolución, confirma su cetro de gran sacerdotisa de la belleza, de la verdad y la entrega absoluta al pueblo.
Desde que el 17 de noviembre del 2005 Fidel Castro diò la voz de alerta sobre las desviaciones que se estaban produciendo en la sociedad cubana, al punto de preguntar sobre la reversibilidad o no de la revolución, Celia vuelve a planear en la memoria como un ejemplo indispensable, un sonrisa, una actitud que dibuja las cualidades esenciales del socialismo al que aspiramos y que debemos proponernos en el Siglo XXI. Así ocurrió en una reunión en el periódico Juventud Rebelde, donde como en todo el país se alistan las mejores fuerzas para enfrentar los nuevos combates que debemos enfrentar las cubanas y cubanos que apostamos a hacer de la Revolución un suceso perdurable.
Celia siempre fue una presencia venerada en Juventud Rebelde. Así lo recuerdo desde comencé a formar parte de ese colectivo en 1970. De vez en cuando se producía un revuelo en toda la edificación, como un movimiento de olas o del estado de sorpresa que deja el paso de un colibrí. Era que Celia había pasado por el periódico dejando siempre un ramillete de anécdotas. Que si se le había roto el carro en una esquina próxima y venia a llamar por teléfono, que si la recepcionista no la reconoció y no quería dejarla pasar o si había traído un nuevo obsequio para embellecer la redacción. Se comentaba que Jorge López, el director, tenia una relación particular, de cariño, con ella y que asistía a una suerte de tertulia en la oficina del capitán Jorge Enrique Mendoza, quien entonces dirigía el periódico Granma, donde ella oficiaba de anfitriona y receptora de informaciones o promulgadora de bromas que hacían época.
Nunca tuve la dicha de encontrármela en aquellas visitas furtivas y fortuitas, pero el clamor de la leyenda me llegaba por muchas vías diferentes. Rara era la persona que no tuviera algo que contar de ella, porque lo había vivido o porque otros se lo habían contado. Desde la donación de una maquina de coser, una silla de ruedas, o un refrigerador a personas necesitadas hasta las averiguaciones de quejas por mal funcionamiento de organismos o instituciones. Porque ella poseía el secreto para comprender esa relación indispensable entre lo individual y lo colectivo. Ella semejaba en la imaginación popular una diosa todopoderosa y justiciera, dones ganados con su dedicación y fidelidad a las gentes comunes y a Fidel, con quien se comentaba tenia una relación privilegiada de influencias favorables desde los días de la Sierra Maestra.
Nacida en 1920,su existencia atraviesa todo el periodo de gestación del cambio que ella contribuirá a producir en la sociedad cubana del Siglo XX. En ella se reúnen una buena parte de las características de los cubanos y cubanas que siguieron a Fidel sin otra preparación ideológica que el sentido humanista y el amor a la patria, la comprensión elemental de la injusticia y el simple deseo de una vida mejor para todos. Como la mayoría del pueblo acogió el ideal socialista siguiendo a Fidel y como el pueblo discrepó de esquematismos, métodos burocráticos y deformaciones que a la larga dieron al traste con el socialismo en Rusia, donde se originó.
Mucho antes de que surgiera el liderazgo del 26 de Julio, Celia realizó una encomiable labor de asistencia social a los necesitados de su zona de residencia, bajo tutela de su padre , el Dr. Manuel Sánchez Silveira, devoto defensor de las ideas humanistas y revolucionarias de José Martì. Después del ataque al Cuartel Moncada, creó el Movimiento Bartolomé Masò para apoyar las propuesta revolucionaria de Fidel y sus compañeros. Intentó hacerle un atentado al dictador Batista; distribuyó el alegato La Historia me absolverá, programa original dela Revolución; acopió fondos para aliviar la situación de Fidel y sus compañeros en prisión.
Luego, Celia fue la persona que consiguió las cartas náuticas de la región y se las envió a Fidel a México para la navegación y desembarco del yate Granma cuando ya era, en 1956, la primera mujer coordinadora del Movimiento 26 de julio en Pilón, pueblo donde vivía entonces. Fue ella quien organizò todos los preparativos de recibimiento con el campesinado de la zona y previendo cualquier contingencia alertó a Fidel de donde podía encontrar apoyo si no hacía contacto con la fuerzas revolucionarias que lo esperaban. Tan pronto tuvo la confirmación de que él se encontraba en la Sierra Maestra comenzó su ardua labor clandestina para suministrar a la guerrilla lo necesario para su sobrevivencia primero y luego para el sostenimiento.
Después de desafiar la persecución implacable de los órganos represivos de la tiranía de Batista como clandestina, se incorporó a la guerrilla, combatió, organizò la vida en el campamento, trasmitió ternura y comprensión a los rebeldes y se fue convirtiendo en la ayudante, secretaria, responsable de logística e indispensable Celia de Fidel, en lo que constituiría una relación muy especial, según ha dicho el propio Fidel a Oliver Stone en la película Comandante.
Después del triunfo revolucionario no hacía comparecencias públicas, ni ofrecía entrevistas pero se sabía que estaba en todas partes; a pesar de que se bahía impuesto una clandestinidad voluntaria era imposible vivir al margen de Celia, porque en el susurro cotidiano de la esperanza de la solución de cualquier problema siempre ella aparecía y en todas las obras nuevas estaba su particular estética, apegada a lo autóctono, a lo natural, a no dejar perder lo mejor del patrimonio cultural. La heladería Coppelia, el Parque Lenin, el Palacio de las Convenciones, la recuperación del vitral, convertir en menú de protocolo las màs populares comidas cubanas, una casa de moda con sello nacional, responder a todas las quejas, requerimientos y solicitudes de la población como secretaria de la presidencia, son algunos elementos de la gran obra de cariño que realizó y la han eternizado como mito revolucionario.
Celia murió un día para sorpresa de muchos que no estaban al tanto de la enfermedad que la corroía. Desde entonces se convirtió en un icono màs de los altares porque las creencias populares la situaron entre las deidades que veneran .Desde su partida una frase se hizo común ante cualquier chapucería, ante las ineficiencias o sucesos que estremecieron a la sociedad : si Celia estuviera viva no pasaría esto. Y es que ella no sòlo atendía sus responsabilidades en el estado, sino que andaba por las calles, como una màs, manejando su propio vehículo, tomando nota de imperfecciones y desaguisados, escuchando a todos y luego trasmitía a Fidel, con absoluta sinceridad lo que escuchaba y lo que pensaba. Era confianza de Fidel y confianza del pueblo para quien era asequible y con quien era particularmente respetuosa.
Además de que chequeaba personalmente la realización de obras y proyectos se le podía encontrar una madrugada haciendo la guardia del Comité de Defensa de la Revolución en su vecindario , o haciendo trabajo voluntario, o discutiendo con alguien que no se avenía a sus exigencias estrictas en el trabajo. O haciendo una broma u organizando una fiesta, como cualquier cubana.
No era perfecta, pero esa combinación de rebeldía, fidelidad, valentía, exigencia, modestia, laboriosidad, pasión para defender sus ideas, flexibilidad para juzgar a los diferentes en cualquier ámbito, sentido del humor, humanidad esencial, fueron configurando su cetro que ahora confirma esta mujer cuando a las puertas del 47 aniversario de la Revolución , ante la pregunta sobre la irreversibilidad o no de la hazaña, su ejemplo emerge como una solución a los males y desviaciones que amenazan el futuro.
Ante los nuevos desafíos cubanos
Una mujer confirma su cetro
Soledad Cruz
...Seria imposible escribir la historia de Fidel Castro,
sin reflejar a la vez la vida revolucionaria de Celia
Sánchez Manduley (...)Desde los meses anteriores
Al desembarco del Granma no
Ha habido episodio de la lucha revolucionaria dirigida
Por Fidel en el que Celia no haya estado en la primerísima
Línea de combate. Desde el momento mismo del
Desembarco en Las coloradas hasta el instante de su muerte
Su trabajo permanente junto a Fidel, es uno de los hechos
Más tiernos, hermosos, humanos y revolucionarios de todo la
Historia de Cuba.
Armando Hart,
despedida de duelo el l2 de enero de 1980.
Cada vez que un nuevo desafío pone a prueba a los revolucionarios cubanos, su figura menuda, su imagen de colibrí de la epopeya, de incansable andariega, desde los preparativos para el recibimiento del desembarco del Granma al abastecimiento de la guerrilla en la Sierra Maestra, desde la atención a todas las obras hermosas posteriores al triunfo hasta el cuidado personal de Fidel, Celia Sánchez Manduley , el paradigma femenino de la Revolución, confirma su cetro de gran sacerdotisa de la belleza, de la verdad y la entrega absoluta al pueblo.
Desde que el 17 de noviembre del 2005 Fidel Castro diò la voz de alerta sobre las desviaciones que se estaban produciendo en la sociedad cubana, al punto de preguntar sobre la reversibilidad o no de la revolución, Celia vuelve a planear en la memoria como un ejemplo indispensable, un sonrisa, una actitud que dibuja las cualidades esenciales del socialismo al que aspiramos y que debemos proponernos en el Siglo XXI. Así ocurrió en una reunión en el periódico Juventud Rebelde, donde como en todo el país se alistan las mejores fuerzas para enfrentar los nuevos combates que debemos enfrentar las cubanas y cubanos que apostamos a hacer de la Revolución un suceso perdurable.
Celia siempre fue una presencia venerada en Juventud Rebelde. Así lo recuerdo desde comencé a formar parte de ese colectivo en 1970. De vez en cuando se producía un revuelo en toda la edificación, como un movimiento de olas o del estado de sorpresa que deja el paso de un colibrí. Era que Celia había pasado por el periódico dejando siempre un ramillete de anécdotas. Que si se le había roto el carro en una esquina próxima y venia a llamar por teléfono, que si la recepcionista no la reconoció y no quería dejarla pasar o si había traído un nuevo obsequio para embellecer la redacción. Se comentaba que Jorge López, el director, tenia una relación particular, de cariño, con ella y que asistía a una suerte de tertulia en la oficina del capitán Jorge Enrique Mendoza, quien entonces dirigía el periódico Granma, donde ella oficiaba de anfitriona y receptora de informaciones o promulgadora de bromas que hacían época.
Nunca tuve la dicha de encontrármela en aquellas visitas furtivas y fortuitas, pero el clamor de la leyenda me llegaba por muchas vías diferentes. Rara era la persona que no tuviera algo que contar de ella, porque lo había vivido o porque otros se lo habían contado. Desde la donación de una maquina de coser, una silla de ruedas, o un refrigerador a personas necesitadas hasta las averiguaciones de quejas por mal funcionamiento de organismos o instituciones. Porque ella poseía el secreto para comprender esa relación indispensable entre lo individual y lo colectivo. Ella semejaba en la imaginación popular una diosa todopoderosa y justiciera, dones ganados con su dedicación y fidelidad a las gentes comunes y a Fidel, con quien se comentaba tenia una relación privilegiada de influencias favorables desde los días de la Sierra Maestra.
Nacida en 1920,su existencia atraviesa todo el periodo de gestación del cambio que ella contribuirá a producir en la sociedad cubana del Siglo XX. En ella se reúnen una buena parte de las características de los cubanos y cubanas que siguieron a Fidel sin otra preparación ideológica que el sentido humanista y el amor a la patria, la comprensión elemental de la injusticia y el simple deseo de una vida mejor para todos. Como la mayoría del pueblo acogió el ideal socialista siguiendo a Fidel y como el pueblo discrepó de esquematismos, métodos burocráticos y deformaciones que a la larga dieron al traste con el socialismo en Rusia, donde se originó.
Mucho antes de que surgiera el liderazgo del 26 de Julio, Celia realizó una encomiable labor de asistencia social a los necesitados de su zona de residencia, bajo tutela de su padre , el Dr. Manuel Sánchez Silveira, devoto defensor de las ideas humanistas y revolucionarias de José Martì. Después del ataque al Cuartel Moncada, creó el Movimiento Bartolomé Masò para apoyar las propuesta revolucionaria de Fidel y sus compañeros. Intentó hacerle un atentado al dictador Batista; distribuyó el alegato La Historia me absolverá, programa original dela Revolución; acopió fondos para aliviar la situación de Fidel y sus compañeros en prisión.
Luego, Celia fue la persona que consiguió las cartas náuticas de la región y se las envió a Fidel a México para la navegación y desembarco del yate Granma cuando ya era, en 1956, la primera mujer coordinadora del Movimiento 26 de julio en Pilón, pueblo donde vivía entonces. Fue ella quien organizò todos los preparativos de recibimiento con el campesinado de la zona y previendo cualquier contingencia alertó a Fidel de donde podía encontrar apoyo si no hacía contacto con la fuerzas revolucionarias que lo esperaban. Tan pronto tuvo la confirmación de que él se encontraba en la Sierra Maestra comenzó su ardua labor clandestina para suministrar a la guerrilla lo necesario para su sobrevivencia primero y luego para el sostenimiento.
Después de desafiar la persecución implacable de los órganos represivos de la tiranía de Batista como clandestina, se incorporó a la guerrilla, combatió, organizò la vida en el campamento, trasmitió ternura y comprensión a los rebeldes y se fue convirtiendo en la ayudante, secretaria, responsable de logística e indispensable Celia de Fidel, en lo que constituiría una relación muy especial, según ha dicho el propio Fidel a Oliver Stone en la película Comandante.
Después del triunfo revolucionario no hacía comparecencias públicas, ni ofrecía entrevistas pero se sabía que estaba en todas partes; a pesar de que se bahía impuesto una clandestinidad voluntaria era imposible vivir al margen de Celia, porque en el susurro cotidiano de la esperanza de la solución de cualquier problema siempre ella aparecía y en todas las obras nuevas estaba su particular estética, apegada a lo autóctono, a lo natural, a no dejar perder lo mejor del patrimonio cultural. La heladería Coppelia, el Parque Lenin, el Palacio de las Convenciones, la recuperación del vitral, convertir en menú de protocolo las màs populares comidas cubanas, una casa de moda con sello nacional, responder a todas las quejas, requerimientos y solicitudes de la población como secretaria de la presidencia, son algunos elementos de la gran obra de cariño que realizó y la han eternizado como mito revolucionario.
Celia murió un día para sorpresa de muchos que no estaban al tanto de la enfermedad que la corroía. Desde entonces se convirtió en un icono màs de los altares porque las creencias populares la situaron entre las deidades que veneran .Desde su partida una frase se hizo común ante cualquier chapucería, ante las ineficiencias o sucesos que estremecieron a la sociedad : si Celia estuviera viva no pasaría esto. Y es que ella no sòlo atendía sus responsabilidades en el estado, sino que andaba por las calles, como una màs, manejando su propio vehículo, tomando nota de imperfecciones y desaguisados, escuchando a todos y luego trasmitía a Fidel, con absoluta sinceridad lo que escuchaba y lo que pensaba. Era confianza de Fidel y confianza del pueblo para quien era asequible y con quien era particularmente respetuosa.
Además de que chequeaba personalmente la realización de obras y proyectos se le podía encontrar una madrugada haciendo la guardia del Comité de Defensa de la Revolución en su vecindario , o haciendo trabajo voluntario, o discutiendo con alguien que no se avenía a sus exigencias estrictas en el trabajo. O haciendo una broma u organizando una fiesta, como cualquier cubana.
No era perfecta, pero esa combinación de rebeldía, fidelidad, valentía, exigencia, modestia, laboriosidad, pasión para defender sus ideas, flexibilidad para juzgar a los diferentes en cualquier ámbito, sentido del humor, humanidad esencial, fueron configurando su cetro que ahora confirma esta mujer cuando a las puertas del 47 aniversario de la Revolución , ante la pregunta sobre la irreversibilidad o no de la hazaña, su ejemplo emerge como una solución a los males y desviaciones que amenazan el futuro.